domingo, 26 de mayo de 2013

Un viaje a Veracruz

  
Mi papá decidió a última hora salir de paseo, nos dio la noticia  la noche anterior y nos volvimos locos por qué no decidíamos que llevarnos; la casa quedó hecha un caos total. Partimos a las seis de la mañana con mucho nerviosismo porque iba a ser la primera vez que conocíamos el mar y  una sensación inexplicable corría  dentro de mí.

En camino a Veracruz nos dio mucha hambre, nos paramos en una caseta donde almorzamos una rica barbacoa , empezamos a platicar con los habitantes del lugar; nos contaron acerca de sus costumbres y lo maravilloso de aquel pueblo, pero nuestro destino aun no concluía.

Al cabo del medio día  llegamos al lugar tan esperado por toda la  familia, una emoción de ver por primera vez el mar, de querer ya meterte y sentirlo una adrenalina inexplicable. Buscamos un sitio en el cual hospedarnos por suerte encontramos un hotel a la orilla del mar; era una emoción que no había sentido de esa manera. Lo primero que decidimos fue buscar un lugar en el cual comer, nos encontrábamos en un dilema tanta comida tan deliciosa que solo con el olor se te antojaba, fue algo extraño por lo menos para mí quería comer todo lo que veía. Al final nos decidimos por comer en un pequeño establecimiento muy pintoresco del lugar; muchos platillos por el cual decidirse: mi mamá pidió una trucha, mi papá un vuelve a la vida, mis hermanas unos filetes y yo unos camarones a la diabla, acabamos muy satisfecho.

 Saliendo nos dirigimos a la  plaza central se sentía una sensación de paz y tranquilidad y  la gente podía hacer lo que deseaba sin el temor de que le pudieran hacer algo, nos decidimos por ir a conocer un acuario muy recomendado por todos. En ese lugar nos sentíamos muy pequeños porque pasamos por un túnel en donde los peces, tiburones y manta rayas pasaban por arriba de nosotros, sentía que era una miniatura y que en cuestión de segundos podrían devorarme.

Saliendo del acuario nos dirigimos al hotel en donde nos dimos un baño y salimos a conocer esa noche de aquel lugar; unas personas danzando, bailando, meditando, patinado, etcétera. Nos encontramos con un puesto en el cual decidimos cenar, la gente muy amable nos contaba lo más sobresaliente del pueblo y nos recomendaba muchos lugares el cual visitar.

Al día siguiente salimos en busca de eso lugares tan mas recomendamos por la gente de aquel pueblo, gracias a ellos pudimos conocer Lagunas, Ríos, Puertos y el famoso Tajín, cuyos lugares si regresaría.


Una experiencia en la que conocí una cultura, religión y  gastronomía, además de compartir momentos inolvidables...

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