Tenía 16 años cuando visité un Hospital. Estábamos en una reunión,
cuando mi Tía Martha nos invitó a mi primo y a mí a conocer el Hospital de Traumatología
de Lomas Verdes, ya que ella era Jefa del Área de Cuidados Intensivos. Mi tía nos
empezó a platicar de todo lo que vivía en el hospital y de lo fascinante que
era el estar ahí desempeñando lo que más le gustaba. La adrenalina que sentía cuando
llegaba a su turno laboral y de inmediato sonaba la alarma de emergencia. Ella decía que
sentía más adrenalina cuando llegaba una ambulancia que cuando iba a la Plaza
de Toros.
Nos pusimos de acuerdo y el sábado siguiente llegó por
nosotros. Al llegar mi tía hablo con unas personas para que nos dejaran entrar,
no hubo problema alguno. Estaba emocionada, primero porque no conocía un hospital
como tal y en segunda porque tenía miedo al ver la realidad. Mi tía nos dio un
pequeño recorrido por el hospital, nos llevo al cuarto de los recién nacidos
con problemas en su formación, así como al de los niños con cáncer y leucemia también
donde estaban niños quemados y niños que tenían amputadas algunas de sus
extremidades. Al estar en el recorrido, tome del brazo a mi primo, en ese
momento fue impactante todo lo que veía.
No podía creerlo, estaba tan asombrada de todo lo que veía que
no sabía ni que decirles. Le preguntábamos a mi tía, que tan mal habían hecho
como para estar en esa cama; ella solo nos dijo: “también me sigo preguntando
lo mismo”. Era la hora de comida, mi tía nos pregunto que si queríamos ayudarle
a darle de comer a los niños con quemaduras, muy emocionados le dijimos que sí. Fue
una experiencia muy triste pero a la vez muy emotivo, porque nos contaban su historia y lo más
impresionante, que aun así tenían las ganas de seguir y no se rendían porque querían
ayudar a otras personas como ellos.
Al finalizar la comida pudimos jugar un poco con ellos, o
por lo menos sacarles una sonrisa. Nos tuvimos que ir porque empezarían a
darles sus medicamentos y necesitarían descansar; a otros los llevarían a los
cuartos de las radiografías, entre otras cosas. Fue una día con mucha adrenalina.
Ella nos dijo que esas visitas les agradaban mucho a ellos, ya que como no podían
salir les gustaba que otros los fueran a ver.
Una experiencia que jamás olvidare, además que fue un
privilegio para mí.