Era
junio de 2012. Estaba esperando mis resultados de los exámenes que había
presentado para poder ingresar a la universidad. Era uno de los momentos más
decisivos y tensos que había tenido porque sería una nueva etapa en mi vida.
Llegó el día de los resultados y fue frustrante porque no me quedé. Mi
desilusión fue cada vez más grande, pues mi familia tenía la confianza de
que fuera seleccionada. Fue algo difícil de superar, ya que las críticas
familiares siempre me atacaban y esto hacía que me sintiera más presionada
de lo común. Decidí buscar un empleo, y así evitarme la molestia de mi familia.
Quizá fue algo absurdo, pero fue una salida rápida para ya no pensar en el
tropiezo que había pasado.
Estaba emocionada, pero a la vez muy nerviosa porque nunca había trabajado. Era mi
primer empleo, pero decidí empezar en la cadena de
helados Nutrisa. Para mí era una experiencia nueva. Al entrar a la empresa
nos dieron una capacitación. Jamás en mi corta vida había preparado un helado,
pero en ese momento empezaron los desafíos que me harían más fuerte. Los
primeros días que empecé a trabajar y mis helados eran nefastos, pero poco a poco
los fui mejorando. Lo agradable fue que conocí a chicos muy amables que
me ayudaron a mejorar, ya que todo era cuestión de práctica.
El problema
más grande al que me enfrenté fue empezar a acostumbrarme a los cambios de
horarios, las jornadas de trabajo; que eran un poco extensas, entre otras cosas
más. Era un trabajo que absorbía todo mi tiempo, pero en el que me sentí
satisfecha porque aprendí muchas cosas y
mi desempeño creció. Solo pasaron tres meses y mi jefa, Sandra
Sánchez, decidió ascenderme al puesto de cajera. Fue algo muy emocionante para mí, ya que estaría
en un puesto importante. Fui la mano derecha de mi jefa. En este sentido era
una responsabilidad mayor porque empecé a manejar grandes cantidades
de dinero. Pero la acepté el puesto con todo lo que conllevara.
Conocí a
muchas personas, pero solo pocos amigos, los cuales me ayudaron en mí vida y en
el crecimiento de la empresa. En ese empleo duré ocho meses aproximadamente, los
cuales valieron la pena. Las experiencias que viví influyeron para desenvolverme mejor, además de que perdí el
miedo a trabajar y a muchas otras cosas.
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